Alfonsina Storni (1892-1938) Es considerada una de las voces femeninas más potentes de la poesía en lengua española de las primeras décadas del siglo XX. Su vinculación con el Modernismo, en medio de la euforia vanguardista que se apoderaba de los jóvenes poetas argentinos de su tiempo, hizo que se le diera menos importancia de la que merecía, pese a la notoriedad que alcanzó en su propio país y en el mundo hispánico en general.
Esta excepcional mujer, capaz de desafiar los asfixiantes convencionalismos sociales, fue un ejemplo de coraje por su manera de asumir su ser femenino en absoluta y a veces desgarradora soledad.
De las heridas y de la incomprensión padecidas por Alfonsina Storni emerge la fuerza de su voz, la cadencia de unos versos que pueden ser grito de protesta, canto a la vida, amor a la naturaleza, o reivindicación del derecho de la mujer a convertirse en sujeto del deseo, en una tentativa de conquistar la libertad para decidir su destino.
A los 19 años ya escribe, recita, y publica en revistas. Y entonces, el amor. Dicen que de una velada literaria en Santa Fe Alfonsina obtuvo un romance y del romance obtuvo, como ocurre con mujeres jóvenes, un hijo, Alejandro, en 1912. Del parto nació otro verso celebrado: Yo soy como la loba, ando sola y me río... El hijo y después yo, y después,...¡lo que sea!
El padre de Alejandro -a pesar de los años, su nombre sigue oculto-, era casado, mayor y periodista.
Madre soltera y feminista, se traslada a Buenos Aires. En 1920 gana el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura por Languidez. En 1925 sale Ocre. En 1926 se editan Poemas de amor. En 1934, publica Mundo de siete pozos y en 1938, Mascarilla y trébol, el último libro.
Alfonsina Storni, brava vocera de los derechos civiles de la mujer e impulsora de
En 1919 Amado Nervo llega a
A Juana de Ibarbourou, a quien conoció en 1920 en Montevideo, le pareció alegre, chispeante, a veces aguda y sarcástica.
En 1922 se cruzó con el cuentista Horacio Quiroga. Aquí hay que detenerse un poco. Le gustó Quiroga. Obvio. La mezcla de desfachatado y bestia trágica de Quiroga era un imán que atraía a las mujeres. Sus biógrafos chismean también sobre la fama de conquistador de doncellas. ¿Calumnias? Observen esta carta de Quiroga: "Anda por Buenos Aires una admirable criatura de dieciséis años, a cuyo recuerdo soy fiel en razón de una noche que cené en su casa, ocupando la larga hora en buscar con mi pie debajo de la mesa lo que, ¡oh Dios!, me fue acordado encontrar con ajeno beneplácito. Aun llegué a bajar la mano, en pretexto de corregir la servilleta, y la coloqué, con la curva precisa, sobre su rodilla, un momento, un solo momento".
Se les vio juntos. Las fotos los muestran divertidos. Su amiga Norah Lange chismea que fue testigo de un juego erótico para chiquillos: Quiroga sostiene en el aire un reloj de cadena al que ambos tienen que besar por sus caras opuestas. En el momento preciso, Quiroga levantó el reloj. Pillín.
Un día la llamó por teléfono la chilena Gabriela Mistral. Deseaba conocerla. Al verla Gabriela quedó sorprendida: «Extraordinaria la cabeza, pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado, que hace el marco de un rostro de veinticinco años». Insiste la poetisa de Vicuña: «Cabello más hermoso no he visto, es extraño como lo fuera la luz de la luna a mediodía. Era dorado, y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos. El ojo azul, la empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz y de mujer madura».
En el famoso café Tortoni conoció a Federico García Lorca, cuando este fue a Buenos Aires a dirigir su obra Bodas de Sangre, entre 1933 y 1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca»: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes (…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas (…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas /negras…».
En el verano del 1935, supo la temible noticia: tenía cáncer de mama. Fue operada, pero el cáncer continuó. Pasó depresiones. Desde entonces llama al mar en sus poemas y habla del abrazo de la mar y de la casa de cristal que la espera allá en el fondo, en la avenida de las madréporas. El suicidio contagia el ambiente. En 1937 Horacio Quiroga también se enferma de cáncer. Una medianoche toma su ración de cianuro. Alfonsina Storni lo despidió con versos conmovedores: "Morir como tú, Horacio,/en tus cabales, Y así como en tus cuentos, no está mal". Luego Leopoldo Lugones se envenena.
Storni, le ruega al mar, su cólera, su fiereza:
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Último poema antes de suicidarse.
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.
Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.
Al fin, el mar la pidió a ella. Y, en el lugar donde bajó dispuesta a todo, un lunes por la noche, hay una estatua en su honor, que mira el mar.
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Alfonsina Storni quedó inmortalizada en la canción "Alfonsina y el mar", de Felix Luna y Ariel Ramírez:
Alfonsina y el mar
Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve mas,
Un sendero solo de pena y silencio llego
Hasta el agua profunda,
Un sendero solo de penas mudas llego
Hasta la espuma.
Sabe dios que angustia te acompaño
Que dolores viejos callo tu voz
Para recostarte arrullada en el canto
De las caracolas marinas
La cancion que canta en el fondo oscuro del mar
La caracola.
Te vas alfonsina con tu soledad
Que poemas nuevos fuiste a buscar ...?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la esta llevando
Y te vas hacia alla como en sueños,
Dormida, alfonsina, vestida de mar ...
Cinco sirenitas te llevaran
Por caminos de algas y de coral
Y fosforecentes caballos marinos haran
Una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
Pronto a tu lado.
Bajame la lampara un poco mas
Dejame que duerma nodriza en paz
Y si llama el no le digas que estoy
Dile que alfonsina no vuelve ...
Y si llama el no le digas nunca que estoy,
Di que me he ido ...
Te vas alfonsina con tu soledad
Que poemas nuevos fuiste a buscar ...?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la esta llevando
Y te vas hacia alla como en sueños,
Dormida, alfonsina, vestida de mar ...
